La voz de Mafalda aún pesa, incluso 55 años después

A Mafalda le preocupaban muchas cosas o, más bien, le importaban muchas cosas. En los sesentas, década en la que fue creada, era una niña argentina pequeña y de pelo alborotado que se hacía un montón de preguntas. ¿Qué pasaba con las personas distintas a ella, por qué existía la pobreza, por qué los padres actuaban de cierta forma y no de otra y qué era, en verdad, la democracia?

La sopa era su kriptonita (su punto débil), algo que ella no soportaba, pero que debía tragarse sin protestar. Algo así como lo que algunos políticos esperan que hagan sus gobernados. Tragar, pero sin opinar sobre el sabor de aquel líquido que introducen en su boca.

Esas preocupaciones por la vida le llegaron a Mafalda a través de los trazos de su creador: Quino, Joaquín Salvador Lavado. El humorista e historietista argentino, de ascendencia española, a quien sí le gustaba la sopa, ya de adulto. La Mafalda de Quino cumple 55 años este domingo y sigue tan vigente como antes. El caricaturista contó en 1977, en una entrevista para la cadena Rtve, que era un tipo que veía la vida de una forma no tan positiva. Usaba el humor para hablar de situaciones que, ante todo, eran muy humanas. Eso no quiere decir que eran del todo buenas.

Esta chica, por ejemplo, se hacía preguntas sobre las mujeres y su rol en la casa y en la sociedad. Se fijaba mucho en su madre, Raquel, quien era ama de casa. Para esa pequeña eso de imaginarse encerrada, haciendo labores del hogar, no iba con ella. Incluso pensaba que llevar una existencia así equivalía a no vivir del todo.

Un día, entre el sonido ensordecedor de la aspiradora con la que Raquel limpiaba cada rincón de la casa, la niña se le acercó a su madre e intentó hablarle. El ruido de la máquina no permitía que su mamá la escuchara, es más, ni siquiera se percató de su presencia. Mafalda, decepcionada, se retiró del cuarto y dijo: “No sé si escogí un mal momento o un mal siglo para intentar comunicarme con mi mamá”.

Ella era una especie de hija de su época: “Mafalda nace en el contexto de la contracultura hippie y en un contexto revolucionario, de respuesta política y una reacción en contra de esas familias tipo. Especialmente de los roles de las mujeres dentro de los clanes”, precisa la profesora María Lopera Rendón, coordinadora de la Maestría en Literatura en la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB).

Para el profesor Juan José García, doctor en Filosofía y profesor de la Facultad de Comunicación Social de esa misma universidad, Mafalda “representa el pensamiento crítico, esencial para la formación de conciencia social y política, sobre todo en la Argentina oprimida por una dictadura férrea”.

Así empezó

Mafalda no siempre fue esa niña controvertida. Antes de tener ese pelo alborotado y esas ideas que lo eran aún más, el humorista y dibujante trabajaba también para el mundo de la publicidad. Su inspiración fue Peanuts (o Charlie Brown) de Charles M. Shulz y su niña, realmente, nació como un encargo comercial. Una empresa de electrodomésticos le ofreció hacer una serie de tiras cómicas donde se viera a una familia típica, en la que sobresalieran los electrodomésticos. Los diarios se dieron cuenta de que era una publicidad disfrazada de historieta y Quino engabetó la idea.

Fue hasta un par de años después que el argentino volvió a esos bocetos y los retomó. Así nació Mafalda, su familia y, poco a poco, personajes como Manolito, Felipe, Susanita, Miguelito y Libertad. Estas tiras cómicas se publicaron por primera vez en el semanario Primera Plana el 29 de septiembre del 64.

“Los cinco amigos son como proyecciones de ella, con una marcada influencia de la niña ingeniosa, incluso la chismosa de Susanita”, destaca el profesor García. “Libertad, por el espíritu de contradicción e inconformidad. Felipe, Miguelito y Manolito, solidarios con su líder. Tal vez el único antagonista caracterizado sea Guille, el hermanito de Mafalda, opuesto a ella en algo tan importante como la actitud ante la sopa. A Guille le gusta”, apunta.

Tras unos primeros años de divulgar los pensamientos de esta niña, luego en diarios como El Mundo, el primer libro sobre este personaje se publicó en 1966 y vendió 5.000 copias en dos días, según cuenta Isabella Cosse en su libro Mafalda: historia social y política.

Fue un éxito tremendo en ese país. Se fue expandiendo y su voz se escuchó en Suramérica, pasó al resto de Latinoamérica y luego migró a Italia. Hasta hoy, la creación del caricaturista ha sido traducida a más de 20 idiomas.

Para Lopera, en términos literarios el valor de Quino es haber entregado un personaje con características tan propias, desde su aspecto hasta su forma de hablar. Los compara con otros grandes personajes de la literatura: “Es equivalente a lo que hizo Cervantes con El Quijote o Flaubert con Madame Bovary. Estos autores son capaces de crear personajes que están, inclusive, por fuera de la obra”.

Los rasgos de Mafalda

La publicación de tiras cómicas de este personaje duró casi una década. Quino (de 87 años y poco amigo de las entrevistas) dejó de crear nuevo contenido sobre ella en junio de 1973. En ciertos momentos, al caricaturista ya no se le antojaba dibujar a los mismos dibujos dentro de las viñetas. Le atraía imaginarse contenidos diferentes, especialmente porque no se quería repetir. Lo bueno fue que después de Mafalda, no paró de dibujar.

En una entrevista con Tute, otro ilustrador gráfico argentino pero nacido en los setenta, Quino contó que para él un buen dibujo es aquel que “te revela cosas de las que no te habías dado cuenta antes”.

El periodista y novelista gráfico Pablo Pérez, cuyo seudónimo artístico es Altais, comentó que para él algo que caracteriza a un buen dibujante, caricaturista político o creador de tiras cómicas es, además, escribir muy bien.

“De Quino me parece destacable el hecho de que como escritor es muy bueno. Tanto, que visualmente logra poner ideas en la imagen – cuenta – No solo se destaca lo que dice Mafalda, por ejemplo, sino la emotividad expresiva que ella tiene”.

Le llama la atención darse cuenta de las miradas de los personajes e incluso los movimientos que buscan acentuar visualmente lo que se está diciendo. “Con unas pocas líneas logra concretar unas metáforas y unas ideas que son muy poderosas”, afirma.

Sigue resonando

En esa entrevista para la Rtve, Quino explicó que aunque hubo momentos en que debía publicar a Mafalda todos los días en las páginas de un diario, procuraba no siempre estar atado a la actualidad. “Yo prefiero que mis cosas sean temas permanentes”, confesó aquella vez el historietista nacido en Mendoza, Argentina. No le parecía tan divertido que las caricaturas perdieran vigencia, pues eso que él tenía por expresar de pronto se podría dejar de entender con el tiempo.

Es probable que precisamente por eso, sus obras parecen recién salidas, novedosas, como si no hubieran pasado 55 años desde que llegaron a la cabeza de su creador. Para el ilustrador y caricaturista Esteban París, una de las grandes virtudes de Quino fue haber sido un visionario y haber puesto como protagonista “a una mujer crítica y contestataria en medio de una dictadura”. Recuerda esa alegoría que Quino reveló en algún punto de su carrera y es que usaba la sopa para hablar de las dictaduras: “comerse algo obligado que sabe maluco y que coarta la libertad”.

El profesor Óscar Mauricio Velásquez, del departamento de Comunicación Social Eafit, lanza una hipótesis con respecto a la vigencia de Mafalda y es que interpela la sensibilidad política latinoamericana. “Siempre me dijeron que ella tenía menos de 10 años, pero siempre la observo en esa edad donde renunciamos a los valores y las virtudes inculcadas, y el mundo se nos hace sospechoso”, señala.

Altais, por su parte, prefiere sustentarlo de la misma manera en que lo hizo Quino alguna vez: “Si las tiras cómicas todavía siguen siendo vigentes es porque el mundo no ha cambiado”. Para el periodista antioqueño, ella siempre será vigente porque conjuga dos cosas: “la mirada adulta (preocupada) expresada desde la inocencia y la sinceridad de lo infantil. Eso es difícil de lograr”.

Para la profesora Lopera, “lastimosamente todo lo que ella señaló es perfectamente vigente”, añade. “Sigue vigente el problema político que enfrentamos en relación con las diferencias sociales. Sigue vigente todavía esa lucha por la reivindicación de la cultura, la lucha contra la pobreza”.

A esa niña pequeña, 55 años atrás, también le importó la ecología, ese tema del que se insiste en hablar pero para el que parece haber millones de oídos sordos todavía. Es curioso que en épocas en las que se critica a una joven de 16 que defiende con vehemencia el planeta, se le critique por ser una niña inexperta, que lo que único que demuestra es que nos deberían importar mucho más este tipo de cosas. Al fin y al cabo es nuestro único planeta. Mafalda ya lo había dicho y ella también era una niña, pero quizá ese mensaje sí tardó 50 años en ser escuchado de verdad y aún nos cuesta aceptar las voces de mujeres más pequeñas, llenas de razón.

 

FUENTE: EL COLOMBIANO