Cancionero del Guadarrama: hacia un nuevo folclore madrileño

La leyenda del perro negro y la puerta del infierno del Monasterio del Escorial; la batalla del Alto del León durante la Guerra Civil; el extranjero que dio nombre a un lugar como la Loma del Noruego; la construcción del Valle de los Caídos… La Sierra de Guadarrama guarda entre sus rocas y retamas un sinfín de historias, personajes y tradiciones, muchas de ellas desconocidas o sepultadas por el paso de los años.

Para rescatar ese pasado semienterrado y traerlo al presente, el músico y periodista Nacho Ruiz, bajo el alias de sus apellidos, Ruiz Bartolomé, lanza este viernes el Cancionero del Guadarrama (Mont Ventoux), álbum conceptual que es a la vez homenaje, trabajo de investigación y reivindicación de un pasado que empieza a diluirse.

«Por su situación geográfica, porque en el siglo XIX llegó el ferrocarril y también por su espléndida naturaleza, la sierra ha sido siempre una especie de imán para gente adelantada a su tiempo, desde pioneros del ecologismo hasta científicos o extranjeros que han dejado aquí su huella», explica este inquieto buscador de sonidos que, tras su etapa pop como Nine Stories, busca rescatar del olvido algunos de estos personajes, historias y lugares.

«Fui leyendo cosas de la sierra a lo largo de los años y a medida que avanzaba me daba cuenta de que hay un gran desconocimiento de una joya que tenemos tan cerca. Lo que me impulsó, finalmente, fueron cosas que veía cada vez que pasaba unos días o me iba de excursión por la sierra». Lugares, nombres y topónimos como El Mirador de los Poetas, el Camino Schmid o la Cueva de la Mora, todos representados de una u otra forma en el Cancionero del Guadarrama.

En una época en la que músicos como María Arnal i Barcel Bagés, Baiuca, Rodrigo Cuevas y hasta C. Tangana han rescatado elementos del folclore de distintas regiones de España para darles nuevos aires, Ruiz ha hecho lo propio con Castilla en general y Madrid en particular. «Me encantan esos proyectos, también lo que se está haciendo con el flamenco, y por eso quería aportar mi puesta en valor de las raíces de la región», señala.

Por el camino descubrió instrumentos propios de la Sierra como el arrabel y canciones populares que cobran nuevos bríos mezcladas con electrónica, sintetizadores y guitarras eléctricas, además de los coros a cargo de Alondra Bentley y Elle Belga. «No quería hacer una labor nostálgica y replicar esos cantares tradicionales como si estuvieran grabados en los años 60, sino inventar una nueva manera de interpretar ese folclore castellano y madrileño con herramientas y sonidos actuales».

A lo largo del disco, el oyente se topa con un noticiario del NoDo, un fragmento del Cancionero de Palacio (manuscrito español que contiene música del Renacimiento) o la grabación de un pastor contando su vida cotidiana, samples que ayudan a zambullirse en esta travesía por el tiempo y el paisaje. «Estuve investigando entre archivos sonoros de otras épocas y los utilizo en varias canciones, pero tampoco quería abusar de esa parte casi etnográfica, que sería más apropiada para un libro o un documental», algo que no descarta llevar a cabo en un futuro.

AMENAZADA POR LOS FINES DE SEMANA

La Sierra de Guadarrama, uno de los primeros espacios naturales de los que se solicitó que fuera reconocido como Parque Nacional (aunque ese reconocimiento tardó en llegar cerca de un siglo), es hoy en día un tesoro amenazado por su propio éxito. La visión más crítica del disco hace alusión a esa espada de Damocles en seis millones de personas, en la que Nacho Ruiz canta versos como «se están desbordando los polígonos» o «mil millones de chalets en Galapagar».

Y es que la Sierra, cuna del ecologismo en España, es también un paraíso natural a 40 kilómetros de una ciudad con más de tres millones de habitantes y parte de sus cordilleras y valles se encuentran en una Comunidad con una enorme densidad de población. «Es la maravilla y el peligro de la sierra, de la que disfrutamos mucho los fines de semana pero, sin darnos cuenta, la estamos destruyendo«. Las tropelías urbanísticas, como el intento de construir una promoción inmobiliaria en lo alto de la Cuerda Larga, una especie de ciudad de vacaciones de montaña al estilo suizo, es la otra gran amenaza de un lugar que debería ser sagrado. «Nuestro deber es intentar proteger este trocito de naturaleza salvaje que tenemos tan cerca», concluye Ruiz.

FUENTE: EL MUNDO