Manuel Carreño: sobre la música y su poder curativo

El autor habló sobre “Por culpa de los Ramones”, su primer libro. Un recuento de su relación con el rock, el new wave y el punk en su vida.

El libro se sale del formato tradicional en el que se leen la mayoría de libros, y el diseño que eligió también influye en cómo uno se encuentra con las historias que va leyendo, ¿cómo construye esa idea y qué significa en general el libro y esta historia para usted?

Comencé a pensar este libro desde siempre. En mi cabeza siempre estuvo la idea de sentarme, en algún momento, a contar los relatos de mi vida alrededor de la música, alrededor de Bogotá, de las novias, etc. Yo no me he ganado la vida escribiendo, yo me he ganado la vida hablando. soy profesor, he trabajado en radio, etc, así que quería hacer un libro, pero no sabía cómo ni mucho menos cuándo. Un día renuncié a todos mis trabajos, me subí a La Calera a vivir con mis papás y me cogió la pandemia, que tristemente, terminó siendo una excusa para hacerlo.

Son relatos muy personales, viscerales. Un poco con desenfado, como un diálogo. Cuando lo terminé y de la mano de Juan Felipe San Miguel, junto con Juan David Correa, el editor del libro, entendimos que el libro se prestaba para que, estéticamente, mostráramos elementos como el casete que, de alguna manera, complementó lo que estaba tratando de decir.

Lo que cuenta coincide con la época del casete. El diseño del libro trae a la memoria esa época, ¿qué representa en su vida los 80′s, 90′s y comienzos de los 2000?

Es cierto que cuento mi descubrimiento de la música en las décadas que me tocaron, pero mi libro no es homenaje a esa generación: una persona de cualquier edad, aunque no se identifique con la música, sabe qué significa descubrir una canción así haya sido en la radio o en Spotify.

Los 80′s fue la década en la que fui niño, una época de la que se sigue hablando. Por ejemplo, se acabó Stranger Things hace poco y entonces la canción de Kate Bush volvió a ser número uno y lo mismo pasó con Should i Stay or should i go. Los 80′s se supieron vender muy bien por las películas y la música que, desde el punto de vista de la cultura pop, fueron años alegres, coloridos. Los 90′s, en cambio, fueron más oscuros y allí fui adolescente. En el libro cuento cómo cambió esa primera mirada de los 80′s en donde descubrí cosas el rock en español me emocionó, pero cuando comencé a ir a los bares alternos y a meterme en los pogos y a oír música que nunca había oído, viví momentos únicos. Es un relato interesante porque es una forma de conocer la vida y el circuito del Rock alrededor de esas historias.

En el libro se habla de un género con el que se inició su gusto por la música alterna, el New Wave, hablemos de eso…

El New Wave fue un género que apareció a finales de los años 70′s y principios de los años 80′s, es un hijo entre el Punk y el Pop. Traduce nueva ola, y es la música que viene a ser la contraposición del rock clásico. Era una música menos épica y tenía que ver, además, con otros conceptos. Era más para bailar, le metían más teclados y aparecían bandas como New Order, The Cure, Depeche Mode. Algunas se llaman Post Punkm otras New Wave. Es una estética muy ochentera y por eso nombro en mi libro a The Breakfast Club como referencia, porque allí uno ve estos sacos que se ponían las chicas que eran muy largos, con el cinturón en la mitad, con el pinta labios muy rojos, las corbatas chiquitas y todo muy colorido.

En este libro hay de todo. Tiene mucho de autobiografía, pero también es un libro de consulta musical donde se relata un poco la historia de la movida bogotana, incluso, habla del amor y de la superación. ¿Cómo encuentra un lugar para todas esas historias?

Fui organizándolo y me di cuenta de que había algo que me estaba faltando. La idea seminal sí era contar un poco la escena, los bares alternos, cómo era eso, qué se vivía en esos lugares y, a pesar de que el libro era autobiográfico, sentía que había algo que yo no estaba terminando de contar. Los dos últimos capítulos son los más personales. El primero es el de los “Mix Tapes”, el de las novias, (si me preguntas es mi capitulo favorito, fue el que más me goce haciendo, sobre todo por la historia de las minitecas) en este hablo de mis relaciones. De sus inicios y sus finales, que son los momentos donde siempre suele haber música. El segundo, “Volver a creer”, es en donde hablo abiertamente de la depresión y de la ansiedad con el mismo desenfado con el que hablo de todo lo demás, sin volverlo algo terrible, pero sin banalizarlo, simplemente poniéndolo en la mesa como lo que es, una cosa a la que hay que prestarle atención. Y me sirvió mucho: en la medida en que pude hablar de eso, pude cerrar el libro.

Las letras de las canciones tienen un lugar muy importante en este libro, ¿qué prefiere? una canción por un buen riff o por su letra?

Creo que lo maravilloso de la música es que te emociona por cosas distintas. Obviamente hay canciones que me emocionan cuando apenas arrancan porque tienen algo en el ritmo, un buen riff, un buen teclado, pero también hay cosas que uno se sienta a oír y cree que son maravillosas. Creo que la combinación de las dos cosas es lo que hace de la música algo tan chévere.

¿Qué opina de las letras del rock del que hablamos Vs la música actual?

Trato de ponderar la música que me gusta, pero nunca de hacer lo contrario con otra cosa. Creo que dentro del rock se han cometido grandes errores en la forma de tratar a otros ritmos, como el reguetón. En algún momento fui más radical, pero cuando veo a gente —que generalmente es la que escucha rock clásico— decir: “es que esto si es música, no como la porquería que escuchan hoy en día”, me pongo a pensar en que se está asumiendo que toda la gente que escucha reguetón es idiota o unos imbéciles que siguen lo que les ponen. No estoy de acuerdo con eso y hay algo no se está entendiendo cuando alguien toma esa postura.

Tiene sus matices: hay gente que escucha rock y es una imbécil…

Sí, hay mucha gente que escucha rock y es una imbécil. Y es que por ejemplo el rock clásico —que hoy en día es una minoría— para algunos es una música de iluminados. Los rockeros siempre hemos sentido, en algún momento, que escuchamos la música correcta. Ahora bien, eso tiene una explicación, y es que el rock fue, sin duda alguna, el fenómeno de masas más importante del siglo XX, no hubo nada en el mundo, culturalmente, que moviera la gente que movió el rock. Alguien me dirá que el futbol, pero eso es del siglo XIX. Tú ves los videos de esos conciertos del Live AID, de los Rolling Stones, de Bowie, de los Beatles, de lo que eso generaba, que fueron las personas más famosas del mundo, y te das cuenta. Con la llegada de las plataformas, de la globalización, la música cambia y el rock pierde un poco de fuerza. El día que se muera Mick Jagger se acaba el concepto del rockstar; y segundo, el que haga rock hoy en día tiene que ser una persona que haga parte de la misma comunidad a la que le está cantando, no pueden estar por encima de la gente a la que le llegan.

Hay un capítulo en el que habla de The Cure y una experiencia muy significativa para su vida, ¿por qué escuchar esta banda? ¿Cuáles canciones recomendaría?

The Cure fue una banda que le sirvió de refugio a un par de generaciones. En los años en los que estuvo de moda el Rock duro, de pelo largo, Axel Rose, Guns N’ Roses, Poison, Robert Smith con su pinta y esta música un poco depresiva, cuando dijo en una canción “boys don’t cry”, pero queriendo decir realmente que los hombres sí podemos llorar. Todo esto logró crear un espacio al que la gente siempre pudo llegar cuando se sintió en un mal momento. The Cure les cantaba a los freaks, a los raritos, a los que no pertenecían.

En el libro hay una lista llamada “para sumergirse en The Cure” y está: Killing an Arab, Saturday night 10:15. O una de mis favoritas: A forest, que fue la que más me emocionó en el concierto y, bueno, otras canciones muy bonitas de un álbum que se llama Desintegration, del que te recomiendo Lovesong, Pictures of you, Fascination Street.

El capítulo Transilvania le da una imagen a la Bogotá de ese entonces y a la forma ne la que se relacionaba con la música, ¿cómo es ese encuentro ahora?

Sí, yo descubrí la música en los bares, porque además no tenía más opciones: en las radios comerciales de la época no sonaba mucho de esa música, la alterna. Suena romántico porque la forma de relacionarse con la música en ese entonces era artesanal, como con el casete o la emisora, pero más allá de que yo romantice eso, hoy en día un adolescente puede hacer lo mismo en Spotify, y puede que descubrir eso en un bar sea más emocionante que en la sala de una casa, pero finalmente las épocas han cambiado y me parece bien que hoy en día un joven no tenga que pasar por lo mismo, por lo que yo pasé: grabarme una canción en el alma hasta la siguiente vez que la pudiese escuchar. Ahora, reconozcamos también que esa democratización de la música dificulta crear un criterio. Spotify, por ejemplo, lo que hace es que en ocasiones te mete en una espiral y a veces no puedes salir de ella. Eso no es fácil, te tienes que sentar a buscar y a escuchar música diferente. Pero yo creo que esa sensación de descubrir la música nunca se va a perder.

Si tuviera que recomendar un bar para los nostálgicos del New Wave del rock and roll en Bogotá…

Recomendaría a Asilo, que queda en la calle 39 con 13. Una cosa son los bares en los que te tomas una cerveza y te ponen videos de Led Zeppelin y de Guns N Roses, pero otra cosa es el lugar al que puedes ir a bailar. Ese es Asilo.

En el capítulo seis habla del punk como resistencia o como acto político, ¿qué cambios percibió con la llegada de este género?

Cuando el punk explotó en Londres en los 70′s, no derrotó la monarquía. Es más, cuando explotó el punk ganó Margaret Thatcher, la derecha. Muchas veces se dice que no sirvió para nada o que “el punk está muerto”, pero yo creo que no hay que buscar en lo macro, sino en lo micro. El punk te cambia a ti, cambia tu ética, tu actitud. El punk te ayuda a ser consciente de ti mismo, de los que vales, de lo importante que eres como individuo, pero también dentro de lo colectivo, y lo colectivo es la gente, la humanidad, no las empresas, no el estado. El punk somos nosotros y lo que construimos y las relaciones que tenemos y ese es el mayor cambio de todos. El punk es como una semilla que crece en cualquier tierra árida, y tierra árida es cualquier lugar del mundo que tenga problemas sociales y políticos, o sea, todos los lugares Lo que es interesante es que esa semilla deja un árbol con las frutas del lugar, es decir, el punk inglés sonaba a una cosa, el anarco punk español que apareció después de Franco suena a otra cosa, el punk argentino suena muy a estadio, muy a barra de futbol, el punk colombiano es más fuerte, más hardcore. El punk se adapta, es un aparato comunicativo que se acomoda muy bien a lo que necesita la sociedad para dar mensajes claros.

En la portada del libro se lee: “La música no cura nada, pero sí salva vidas”, ¿qué quiso decir con esta frase?

Es el resumen del libro. Si tu sufres de depresión, seguramente una canción no te salvará la vida, pero quizás sí ayude. Una canción en un momento determinado puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Yo por eso tengo una lista muy bonita al final del libro que se llama “lista para salir del hueco”, y hablando de Stranger Things, ahora que está tan de moda el tema, Bergman es el hueco. Cuando uno está en el hueco no se puede mover, la depresión no te deja ni mover. Y esa lista es para eso. “All things must pass”, de George Harrison, o todo el disco, te va a hacer algo. Puede que no te arregle los problemas, pero de alguna manera te va a decir que algo se puede hacer al respecto. Yo traté de que este libro fuera empático, que la gente que lo leyera se sintiera cercana. Y que si alguien está triste sienta que todo va a estar bien. Lo que quiero decir es que la música tiene un poder ultra curativo.

 

FUENTE: EL ESPECTADOR

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