Raúl del Pozo: «Hoy se escribe con menos libertad que hace 15 años»

-Pedro, ¿hay barra libre de verdad?

A Raúl del Pozo lo que de verdad le importaba el lunes por la tarde en Teatro Barceló era si podía tomarse algo gratis con los amigos que habían acudido para celebrar los 25 años de su novela Noche de tahúres, que ahora rescata Berenice. Pedro era Pedro Trapote, íntimo del periodista y dueño del local. Y junto a él, en primera fila, algunos de su guardia pretoriana: José María García, Carmen Rigalt, el general Sanz Roldán…

«Noche de tahúres la escribí en el monasterio del Paular, donde me hice amigo de todos los frailes. Me llevó mi primo. Madrid es la ciudad más burlanga del mundo», dijo Raúl del Pozo ante más de 200 fieles entre agradecido y agobiado. «Esta novela se resiste a morir, trata del juego como pasión no como enfermedad. Con este libro di un sablazo, firmé cuatro novelas más. Me decía Cela ‘saca el dinero a las editoriales, que sólo te dan el anticipo'».

Noche de tahúres es un retrato ácido y real del mundo del hampa, del vértigo del burle. En la primera frase ya hay un asesinato que investigará un periquito (policía inexperto) y un veterano, el Viejo, que «vive solo, rodeado de cucarachas, duerme poco» y anda siempre cerca de un VIP, donde bebe y lee la prensa por la noche del día siguiente. Es otra época, el Madrid de los 90.

De izqda. a dcha., Carmen Rigalt, Pilar Goya, Ana Rosa Quintana, Antonio Fernández-Galiano, el general Sanz Roldán, Cayetano Martínez de Irujo, Pedro Trapote, José María García, el lunes en el Teatro Barceló de Madrid.Angel Navarrete

«La suerte -sentencia Blasfemo- es una puta que se va siempre con los mismos (…) El dinero persigue al más rico, al que menos le emociona ganar o perder. Aciertan los tontos, los borrachos, los nuevos, los ignorantes y yerran los expertos, los calculadores». Esto lo dice Blasfemo, Blasfemo de Aranjuez, que no es un personaje inventado, sino que existe, como casi todos los burlangas que aparecen en el libro, aseguró Del Pozo. Como Cabezón de Elche.

Noche de tahúres revolotea sobre quién pudo asesinar a «un moro que había sido soplón y contrabandista, espía de poca monta, prestamista, garitero y que estuvo varias veces en el abanico (la cárcel)». Es lo mejor del libro. Los personajes, lo que dicen, cómo lo dicen. Raúl en estas lides es imbatible. «He sido un ladrón de oído», reconoció. «Escuché en la serranía de Cuenca el castellano más puro y donde más he aprendido ha sido en los coches de las cuadrillas de los toreros, con gente como Bojilla». La noche, el éxtasis de cuando la bola cae o no en el número al que se ha apostado, «me debes 100.000 pesetas y me da igual que me pagues ahora o en cinco minutos», policías expulsados del Cuerpo por ludópatas y a quienes se readmite con la condición de que acaben con los burlangas…

Noche de tahúres lleva un prólogo de Arturo Pérez-Reverte, amigo de Raúl desde la época del diario Pueblo, como recordó el académico, aquella factoría de periodistas como linces, de whisky en la mesa y naipes al cierre. «Este libro es parte de la vida de Raúl. De aquella vida Raúl se llenó los bolsillos de personajes y palabras. Este libro es un catálogo formidable del hampa enraizado en los clásicos picarescos del Siglo de Oro, un deslumbrante despliegue de algunas de las muchas audacias que un idioma como el español hace posibles», escribe Pérez-Reverte.

El epílogo corre a cuenta de Antonio Lucas, que trazó un perfil humano y literario del maestro: «Raúl es supersticioso como los gitanos y sospecha del halago como los budistas. Raúl es una amistad que heredé de mis padres. El lenguaje de Raúl es duro, agrio, táctil, cortante y, a la vez, perfectamente equipado de emoción y vértigo. Acercarse a Raúl es hacer varios cursos de periodismo en un rato. Volver a este libro es recobrar un galope que no se acaba nunca», dijo Antonio Lucas, «el príncipe de los poetas», tal y como lo bautizó el propio Raúl ya hace años.

Entre los admiradores de Raúl estaban desde Antonio Fernández-Galiano, presidente de Unidad Editorial, a Cayetano Martínez de Irujo y también Ana Rosa Quintana, Antonio Casado, el ex ministro Pimentel (como director de la editorial), Edu Galán y Marta Flich, Jesús F. Úbeda, Jesús Ruiz Mantilla, Pilar Goya, viuda de Alfredo Pérez Rubalcaba, y la periodista Lara Siscar… Y Raúl, azorado por los elogios, pespunteaba de esto y aquello: «Hoy se escribe con menos libertad que hace 15 años, la izquierda está seducida por el cambio climático, tenemos un Parlamento enloquecido, lo que pasa en España es gravísimo, Madrid es la capital de la gloria, la última resistente… Bueno, se acabó el espectáculo y empieza la barra libre». Y empezó.

FUENTE: EL MUNDO